La importancia de ser un Shit

por Senén
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Senén

Hola a todos,

Llega el momento de autopresentarme. Este locuelo machote de la foto soy yo, Senén. En realidad no soy en blanco y negro, este es un efecto provocado por mi fiel amigo Photoshop. Pero si que es cierto que soy blanco casi desde que nací. Digo casi porque todos los niños son algo rojitos cuando nacen, en mi caso nací morado y con la cabeza con forma de pepino (al más puro estilo cabezaconos). Es lo que tienen los partos, ¿no? (¡Decidme que sí, por favor!).

Nací en Barcelona. Crecí en Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Y, actualmente, vivo allí. Cuando era pequeño siempre le decía a mi padre que de mayor quería ser igual de grande que él. Así fue, ahora mido poco más de metro sesenta. ¿Porqué no habría querido ser igual de alto que Pau Gasol? Bueno, son cosas de la vida de pequeño quería ser alto como mi padre y ahora quiero dar el estirón. Pero bueno siempre me queda el consuelo de decir que en el bote pequeño está la buena confitura. ¡Lo sé! Eso sólo lo decimos los pequeñines. Igual que los que la tienen pequeña dicen aquello de que el tamaño no importa. ¡Anda que no! ¡Preguntádselo a Nacho Vidal!

Estoy seguro de que muchos de vosotros me preguntaréis alguna vez en la vida por el origen de mi nombre. Pues yo inicialmente sólo sabía que me llamaba como mi padre. Poco después me explicaron que San Senén era el patrón del pueblo de mis abuelos, Calasparra (Murcia). Y un día un machote galán en un gimnasio me explicó toda la historia de Senén. Mis amigos siempre me han dicho que ese zalamero erudito se mostraba excesivamente atento por mi personilla; a mi me gusta pensar que era todo un marinero adicto a la onomástica.

Aquí os dejo un breve resumen de la información que he podido recopilar sobre Senén:

Datos Básicos:

Origen: griego
Onomástica: 30 julio
Variantes: En catalán, Senent, Nin. En gallego, Senín

Etimología:

Nombre derivado de Zennen, que a su vez deriva de Zen, sobrenombre griego de Júpiter.

Historia:

Nombre portado por un santo oriental, inseparable compañero de san Abdón, ambos fueron martirizados en Roma. Poco sabemos de ellos, salvo lo que la antigua piedad romana nos ha transmitido: que eran persas, o por lo menos orientales – en su tumba de la Vía del Porto se les representó con gorro frigio -, que fueron llevados a la capital del Imperio como cautivos, y que allí, pertinaces en su fe, se les echó a las fieras, que no se atrevieron a tocarles, y tuvieron que ser degollados.

Según unos, príncipes o sátrapas, grandes señores, según otra hipótesis, modestísimos obreros portuarios, lo cual explicaría que se les enterrase junto a los almacenes del embarcadero, no hay acuerdo entre los hagiógrafos, pero seguro que a Dios le daba exactamente igual. En cualquier caso, tuvieron mucha veneración en la antigüedad, y sus reliquias se conservan hoy en San Marcos, dentro del Palazzo Venezia de Roma.

Al evocar sus borrosas siluetas, sus nombres exóticos, nos llama la atención el hecho de la lejanía de su origen; Palestina estaba lejos, pero Persia mucho más aún, ¿cómo se hicieron cristianos? ¿Descendían tal vez de algún converso de los que san Simón y san Judas hicieron antes de morir en tan remoto país?

Abdón y Senén llegan a Roma para el propio sacrificio aportando sangre persa. Los traen cautivos, recorriendo enormes distancias, sólo para morir en el capital del mundo; quizás en el Coliseo, o ante la estatua colosal de Nerón que había junto a él, son conjeturas históricas, nada se sabe de cierto, sólo el testimonio de un largo viaje hasta el martirio. Ellos mismos son una resplandeciente conjetura que acaba en la certeza de la muerte por la fe.

Buscando por la red he descubierto en la wikipedia que Senen (sin acento) es un subdistrito de indonesia. ¡Curioso! ¿no?

Gracias por vuestro tiempo,

Senén